Nuestras
Esposas
(Reencuentro 1999)
Ninguna de nuestras reuniones, reencuentros,
paseos etc. serían posibles sin el apoyo de nuestras esposas.
Tanto nos han escuchado contar
nuestras annécdotas que las conocen mucho mejor que nosotros
mismos.
Tienen el don de hacernos sentir
como si todavía estuviéramos en el colegio, como
si el tiempo no hubiera pasado y como por arte de magia muestran
la misma alegría de antaño al vernos marchar durante los
famosos reencuentros Leonciopradinos.
Al escuchar su bulliciosa y entusiasta barra, cuando pasamos por
el pabellón
central, nos invade un sentimiento de orgullo de saber que ellas
también valorizan el que nosotros hayamos estudiado en este
lindo y glorioso plantel.
Es como si agradecieran el que
sus esposos hayan podido aprender en el colegio muchos de aquellos
valores con los que han guiado sus hogares como buenos patriarcas.
Muchas veces no tenemos que contactar
a un compañero para poder compartir algún recuerdo
que nos viene a la mente. Ellas gozan de nuestros relatos tanto
como nosotros mismos. No
es difícil atribuirles a su apoyo, el éxito y el
entusiazmo desplegado en cada reunión con nuestros compañeros.
Como verán, algunas
de las fotos ilustran su participación y la ya tradicional
foto en las escaleras justo después que nos tomamos la
nuestra.

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